No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (Mt 7:21)


El evangelio de Jesús no es una invitación a creer, es una ordenanza a arrepentirse. Juan el Bautista lo dijo claramente así: “…Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” (Mt 3:1,2) Jesús mismo lo afirmó de la siguiente manera: “…Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” (Mt 4:17) Y también los apóstoles lo explicaron así: “…arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio.” (Hch 3:19) El evangelio demanda una acción de obediencia y sumisión al Dios Todopoderoso. El individuo solo se puede acercar a Dios al aceptar los términos que Dios pone, o no se puede acercar a Dios. Es relativamente simple. El arrepentimiento genuino no es opcional, es un requisito de Dios, y aún la fe necesaria para la salvación es “un don de Dios,” (Ef 2:8).  Y sin embargo, el evangelio es una demanda que no gira alrededor de una mente narcisista, dictatorial, o egoísta. Al final, el individuo es salvado por la gracia soberana de Dios para la gloria de Dios y para el rescate del pecador. Dios se lleva la gloria al rescatar, y el rescatado le da la gloria a Dios por el rescate. Sin embargo, me temo que la iglesia de Jesús está perdiendo el sabor central del evangelio, es decir, el proclamar la soberanía de Dios en la salvación y la clara obediencia que la verdadera salvación debe de producir. Como pastores, estudiosos, y estudiantes de la Biblia es nuestra responsabilidad proclamar las verdades de Dios lo más clara y fielmente posible. La doctrina de la salvación es una pieza fundamental en la estructura Bíblica. Permíteme darte tres consejos prácticos para predicar correctamente lo que es el cristianismo bíblico.

Estudia la Biblia. 

Suena tal vez simplista, pero no lo es. El estudiar la Biblia demanda de un tiempo determinado para que concienzudamente se escudriñen las Escrituras. La orden de Jesús para entender más acerca de quién es el Salvador del mundo, fue precisamente la de escudriñar las Escrituras. Jesús dijo en Juan 5:39, “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.” Si Jesús es quien dice ser, y si ambos Testamentos que componen nuestro cánon son lo que dicen ser, entonces más vale que entendamos bien qué es la salvación y las implicaciones doctrinales que esta doctrina conlleva. Baste ya el tiempo de increpar en contra de la doctrina más fundamental de la Biblia. La salvación no es ajustable, flexible, negociable, o modificable. La doctrina de la salvación es exclusivamente celosa de sí misma. O es por medio de Jesús, de arrepentimiento genuino y de fe divina, o no es salvación verdadera (Jn 14:6). Por lo tanto, estudia ésta y todas las doctrinas bíblicas. Seas pastor, anciano, diácono, padre, madre soltera, o un joven, estudia la Biblia. Estudia, estudia, y estudia más. Haz de las Escrituras la dulce miel de la que habla el Salmo 19. Que la Biblia sea lo que provoca esa aparente paradoja de despertar tu hambre espiritual, y saciarla al mismo tiempo (Mt 5:6). Busca la verdad bíblica. El cristianismo bíblico es caracterizado por verdad bíblica. El cristianismo que está arropado por inapetencia doctrinal, es una burla contra el cristianismo histórico, bíblico y reformado. El creyente verdadero busca y encuentra, pregunta y es respondido, toca y la puerta se abre. Sé un amante de la gloria de Dios revelada en las Escrituras (2 Co 3:18), y ama su Palabra. No hay nada más hermoso, más bello, más sublime, más dulce, más atractivo, más apetecedor, más deslumbrante, ó más glorioso que la Palabra de Dios. Haz de ella tu objeto de estudio desde hoy, y hasta el último día de tu vida.

Escucha y lee de la Biblia. 

Una de las maneras más prácticas para crecer después de leer la Biblia, es escuchar grandes hombres de Dios predicando o escribiendo acerca de la Biblia. Se tu crítico más severo en cómo estás gastando tu tiempo y arma un nutrido horario semanal donde apartes un tiempo para escuchar a hombres de Dios que predican o escriben acerca de las verdades bíblicas. Lee a los Puritanos y observa la tenacidad con la que buscaban a Dios de todo corazón. En un mundo donde las redes sociales, el internet, y el entretenimiento están al alcance de solo un “click”, debes tener dominio propio para estimular tu mente espiritual. La meditación de la Biblia es un acto olvidado, tal vez nunca aprendido en el cristianismo del siglo XXI. Sin embargo, necesitamos fortalecer nuestros sentidos espirituales y promover pensamientos de verdad. Esa es la única manera en la que podemos ser santificados: por medio de la verdad. Jesús dijo en Juan 17:17, “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.” No hay más. Por lo tanto, en adición a estudiar la Biblia por ti mismo, escucha y lee a los reformadores del siglo XVI. Llenar tu mente de esta clase de lecturas te ayudará a asimilar las verdades de la Biblia, y a elevar tu estándar de calidad en lo que lees y escuchas. Con la tecnología que tenemos a nuestro alcance, escucha podcasts y visita sitios de internet que te ayudarán a ser un creyente educado de la verdad de la Biblia. Querido amigo, escucha y lee a hombres que han dado su vida por predicar las verdades inalteradas de la Biblia.

Explica la Biblia. 

Como creyentes, es nuestra labor transmitir las verdades de Dios a otros. Si tienes una esposa e hijos, entonces pon manos a la obra. La Biblia ha sido dada para ser explicada a una humanidad que no tiene manera de entenderla. El Espíritu Santo convence de pecado al incrédulo e ilumina al creyente a seguir entendiendo, pero es mediante la predicación de la Biblia que Dios transmite su verdad a nuestras generaciones. Es la manera en la que Dios ha elegido postergar sus palabras. El explicar a otros la Biblia, es poner a la Biblia como máxima prioridad en tu vida, y en la vida de otros. No hay más mensaje. No hay más esperanza. Si no hablas de la Biblia con tu familia, amigos, vecinos, ¿de qué hablar entonces? El conocimiento bíblico que adquirimos a lo largo de los años, tiene que ser puesto en práctica en nuestras comunidades, o solo será un pesado bagaje que produce arrogancia y soberbia. Jesús nos ordena en Juan 17:18, “Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.” Claro, Jesús está hablando de un envío apostólico en este texto en particular. Pero la implicación y aplicación incluye todos los demás creyentes. Tenemos un llamado—una orden más bien—de hacer lo mismo que Jesús hizo cuando vino a la tierra; esto es, predicar la verdad de la Palabra de Dios.

Sé un lector de la Biblia. Sé un creyente de la Biblia. Sé un estudioso de la Biblia. No estoy hablando necesariamente de asistir a un seminario bíblico, sino que me refiero a una actitud determinante de estudiar, escuchar, y explicar la Biblia. El mundo hispano lo necesita urgentemente. No permitas, o peor aún, no seas parte de prolongar mentiras salpicadas de verdad que en el mejor de los casos confunden y distorsionan la Biblia, y en el peor de los casos, promueve herejía y falsedad bíblica. El cristianismo bíblico es caracterizado por ser verdadero y para ser verdadero tiene que ser bíblico.

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Josué Ortiz (M.Div.) es pastor fundador de la Iglesia Gracia Abundante en la Ciudad de México. Actualmente estudia un doctorado en predicación expositiva en The Master’s Seminary. Está casado con Rebekah y juntos tienen dos hijos. Puedes seguirlo en twitter: @pastorjosuecdmx