¿Qué está mal con ser un predicador aburrido y cómo evitar tal etiqueta?

Fernando Jaimes | October 24, 2018

Alguien le contó a un amigo en forma de chiste que tenía problemas de insomnio, este le dijo:ven a mi iglesia a escuchar sermones”.  Es cierto que hay predicadores que son muy aburridos, pero al mismo tiempo no creo que haya ningún predicador que diga: “hoy quiero predicar un sermón para dormir a mis oyentes”.

La comunicación, ya sea casual en el día a día o entre un predicador y su audiencia, es la acción de comunicar en dos sentidos. Si es entre dos personas que están conversando, hay alguien que habla y el otro escucha, y sus papeles se intercambian durante el acto de comunicación. Cuando esta comunicación es por medio de la predicación también hay un sentido de interacción, la única diferencia es que normalmente no hay una respuesta inmediata al mensaje recibido. Pero igualmente se espera de la audiencia que esté involucrada y receptiva al mensaje escuchado y que posteriormente haya una respuesta.

La pregunta es: ¿cómo puede hacer un predicador para comunicarse con la audiencia sin que esta pierda su interés o que deje de escucharlo? ¿Cómo puede mantener a sus oyentes escuchando sin perderles en el intento? Las respuestas a estas preguntas son expresadas de manera concisa y clara en las obras de Alex Montoya, (Predicando con Pasión) y Jeffrey D. Arthurs, (Predicando con Variedad).

Estos dos hermanos han dado en el clavo al desarrollar los ingredientes que debe tener la comunicación en el púlpito, de tal manera que los predicadores vibren y los oyentes se contagien. Como punto de partida, la predicación debe tener dos ingredientes esenciales: una exposición solida de la Palabra de Dios, y en segundo lugar, que esta exposición sea transmitida de una forma apasionada. Si no hay pasión no hay predicación, como lo expresó W.A Criswell:

El sermón no es un ensayo para ser leído y que las personas lo consideren casualmente… Es una confrontación con el Dios todopoderoso. Es para ser comunicado con una pasión ardiente, en la autoridad del Espíritu Santo.[1]

Tanto el buen predicador como el predicador que no se caracteriza por la pasión pueden sacar provecho al considerar con atención la exhortación del pastor Montoya en su libro[2] cuando enseña que todo predicador debe:

1. Predicar con poder Espiritual.

Este es el secreto de la predicación apasionada. Cuando Dios trabaja en la vida y el corazón del predicador esto se transmite en el púlpito. Dios habla por medio del predicador y por ende cuando él habla la tierra tiembla. Si el predicador quiere sacudir los corazones, él debe ser un canal de Dios para llegar a esos corazones. El predicador no debe ser orgulloso, y por el contrario debe depender totalmente del Espíritu de Dios. Debe mantenerse a cuentas con Dios, es decir, que todos sus pecados hayan sido confesados. Debe estar en permanente comunicación con Dios por medio de la oración. Debe entender que ha sido comisionado por el Espíritu para el ministerio y debe ser controlado por el Espíritu lo cual será el resultado de tener la mente y corazón sumergidos en el estudio de la Palabra.

2. Predicar con convicción.

La predicación apasionada normalmente viene de personas que están apasionadas por las profundas convicciones personales. Las convicciones son verdades por las cuales el predicador estaría dispuesto a morir en la hoguera. La predicación apasionada siempre está acompañada de un predicador que predica con toda convicción las verdades cardinales del cristianismo.

3. Predicar con compasión.

La compasión es lo que caracterizó el ministerio de Jesús. Él tuvo compasión por las personas durante su encarnación. La idea detrás es que la compasión es el sentimiento interno de una persona reaccionando al dolor y a la miseria de otro. En algunas ocasiones, la falta de pasión se debe a que el predicador se ha alejado del diario vivir de las personas y eso se traduce en dureza de corazón frente a las aflicciones de los necesitados, y por ende, no se identifica con el dolor ajeno. Para esto el predicador debe amar a su audiencia genuinamente y hacer todo lo que esté en sus manos para conocer su aflicción de tal manera que su corazón tenga compasión por las almas.

4. Predicar con autoridad.

Cuando la predicación está llena de trivialidades y fuera de lugar se parece a la predicación vacía de los escribas y fariseos en los tiempos de Jesús. Ellos solo tenían razonamientos maliciosos y evasivos. En contraste con Jesús, descubrieron que su predicación era como de uno que tenía real autoridad (Mt 7:28-29). Para hablar con autoridad, el predicador debe hablar desde la autoridad que tiene la Escritura. Cuando la Biblia habla es Dios quien habla. El predicador es el mensajero encargado de transmitir un mensaje celestial. Lo hace con autoridad porque Dios le ha dado esa autoridad, pero también lo hace porque ha hecho un estudio exhaustivo del pasaje lo que le permite presentar la verdad de Dios de una manera que honre su nombre.

5. Predicar con sentido de urgencia.

Las almas necesitan ayuda. El mundo se encuentra desesperadamente perdido y el diablo está haciendo estragos en la vida de las personas. Es como una casa en llamas a la que hay que entrar a rescatar a las personas que se encuentran atrapadas. La predicación debe ser activa y potente, con sentido y contenido. Los predicadores deben ser unos maniáticos de la palabra de Dios y tener el deseo de comunicarla porque la casa está en llamas. No hay tiempo de espera; hoy mismo es el día de arrepentimiento. El predicador debe ser apasionado al comprender que el mensaje que está predicando urge.

6. Predicar con quebrantamiento.

J. I Packer dice que si se predica a los corazones dolientes nunca se va a dejar de tener una congregación, porque siempre hay uno de esos en cada banca. Una lagrima en los ojos y un corazón dolido producen una rara elocuencia en la predicación. El entrenamiento en los seminarios es importante pero las tribulaciones en la vida del predicador son el refinamiento del fuego del Señor, para así purificar el servicio y una predicación eficaz.

7. Predicar con todo el ser.

Es cierto que la predicación es principalmente oral, pero eso no quiere decir que no existan otras formas de comunicación que le dan vida a las palabras. Todo el cuerpo hace parte del mensaje que se está comunicado. El movimiento de las manos, la postura, las expresiones de la cara y lo ojos son elementos que deben hacer parte al momento de predicar.

8. Predicar con variedad.

En este punto Arthurs desarrolla en su libro[3] la importancia de predicar los diferentes géneros literarios. No todas las predicaciones deben estar organizadas de la mima forma. Cuando Dios se comunicó con la raza humana usó una variedad de generos: anécdotas, historias, paradojas, poemas, canciones, ironías, preguntas y respuestas. Jesús, el gran comunicador, era creativo, por lo tanto los predicadores deben de la misma manera comunicar con variedad el pasaje en el que se encuentren.

Conclusión

Definitivamente aquel que es un predicador aburrido está cometiendo un gran error que debe ser resuelto con seriedad y prontitud. Algunos pueden estar en esta situación, simplemente porque no han sido llamados al ministerio de la enseñanza en la iglesia, pero en muchos otros casos, algunos han dejado apagar la pasión por la proclamación de la verdad en su ministerio. Espero que estas ocho exhortaciones ayuden a que los púlpitos en el mundo hispanohablante sean avivados con pasión en la predicación de la Palabra de Dios.

 

[1] W. A. Criswell, Criswell Guidebook for Pastors (Nashville: Broadman & Holman, 1980), 58.

[2] Alex Montoya, Predicando Con Pasion (Editorial Portavoz, 2003).

[3] Jeffrey D. Arthurs, Predicando Con Variedad (Editorial Portavoz, 2009).


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Fernando Jaimes es graduado de The Master’s Seminary con un M.Div. y un Th.M. Actualmente sirve como pastor en la iglesia Comunidad de Gracia en Bogotá y como profesor del Instituto de Expositores Colombia.

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