¿Cómo ayudar a las ovejas difíciles?

Paul Lamey | July 31, 2019

Seamos sinceros: algunas personas son difíciles.

Por diversas razones, la vida es dura para muchos cristianos, y algunos de ellos tratan de hacer la vida difícil para sus pastores. Incluso en una iglesia saludable habrá algunas ovejas que simplemente luchan en sus relaciones con los demás. Para citar un pastor experimentado: “este tipo de personas  es fácilmente el más agotador para un pastor. Es fácil volverse frío y sarcástico hacia aquellas …cuyas aflicciones son en gran medida auto-inducidas” (Jerry Wragg, Liderazgo Espiritual Ejemplar, 130).

No ayudar a los que son problemáticos puede llevar a lo que otro pastor llama: “la ansiedad pastoral.” Él dice que es el “peso soportado por la crítica, el chisme, la oposición, la división, la discordia, la incomprensión, la amargura y el negativismo lo que marca el día a día del pastorado.” Continua señalando que “estos problemas son el mayor peso puesto sobre los pastores” (Erroll Hulse, “The Preacher and Piety”, in The Preacher and Preaching , 71).

Existen algunas respuestas a las ovejas difíciles que deben ser descartadas por completo. No hacer nada no es una opción. Por lo tanto, un pastor que da la “ley del hielo” o simplemente evita a las personas difíciles traiciona la vocación pastoral de apacentar a todo el rebaño. Además, dictar todo a través de intimidación, manipulación y acciones duras nunca debe caracterizar la respuesta de un pastor a las ovejas difíciles (1 Pedro 5:3; cf. Ez 34:4).

Afortunadamente, Dios sabe que todos podemos ser dados a los impulsos pecaminosos y enredos que a veces crean una gran tensión en nuestras relaciones. Con este fin, los pastores deben identificar cuidadosamente a sus ovejas, pues no todos los miembros de la iglesia son iguales. Algunas ovejas son espiritualmente saludables mientras que otras se doblegan bajo la presión de las circunstancias difíciles y afectos errantes. El liderazgo de la iglesia debe identificar cuidadosamente las ovejas, no para marcar a algunas como “intocables”, sino más bien con el fin de ayudarles a crecer en la gracia de Cristo Jesús.

Una vez que el liderazgo comienza a identificar las áreas de lucha y preocupación entonces sí puede empezar a aplicar cuidadosamente la Palabra de Dios con gran paciencia y habilidad. Aquí hay cuatro maneras en que podemos empezar a ayudar a los miembros de la iglesia difíciles en su caminar con Cristo:

Escucha con atención

Es importante que tengamos cuidado de escuchar no sólo cómo se declararon las cosas sino también que se está diciendo. A veces nuestra tendencia como pastores es no escuchar sino más bien es ser ofendido, lastimado u ofrecer corrección en el momento en que algo se está diciendo.

Incluso si los creyentes están luchando para comunicar sus pensamientos con amor y precisión, los pastores tienen que hacer un esfuerzo adicional para escuchar sus quejas o luchas. La sabiduría nos debe conducir a reunir toda la información disponible (Prov 18:13; Sant 1:19) y ser afinado por el borde de las palabras de otro (Prov 27:17). Después de escuchar debemos medir cuidadosamente nuestra respuesta en lugar de ser rápidos o duros con los que sufren o están descontentos (Prov 15:28).

Amonesta con amor

Hay momentos en que las palabras y las acciones de un creyente están simplemente fuera de sintonía con el plan de Dios para su vida. Mientras que todos los cristianos tienen la responsabilidad de ayudar a restaurarse unos a los otros (Gálatas 6:1), los pastores deben dirigir con cuidado el camino cuando sea necesario. Debemos amonestar “a los indisciplinados” (1 Tesalonicenses 5:14). Los “indisciplinados” son hermanos y hermanas que buscan su propio camino, a estos es necesario ayudarles a regresar de nuevo a la comunión con Cristo (Judas 22-23).

Ignacio, en el primer siglo, aconsejó a Policarpo diciendo: “si amas a los buenos discípulos, no te es crédito alguno; más bien con delicadeza trae a los más problemáticos a sumisión” (Carta a Policarpo, 2.1). El indisciplinado es un reto para nuestros ministerios, pero es un aspecto esencial de la naturaleza de rescate del buen ministerio de pastoreo.

Anima con perseverancia

Todo el pueblo de Dios enfrentará momentos de desaliento; tal es común al hombre. En estos momentos, los pastores tienen oportunidades únicas para proporcionar atención y consuelo a los que están desalentados por la vida, el pecado o lo desconocido.

El apóstol dice que “animéis a los desalentados” (1 Tesalonicenses 5:14). Esto puede hacerse al escribirles, visitándoles en sus casas o aconsejándoles durante un almuerzo. Nuestro aliento debe llevar continuamente al corazón preocupado hacia las promesas de Dios en su Palabra, manteniendo la frescura de la gracia de Cristo. Debemos de buscar intencionalmente maneras de animar a las ovejas tímidas del rebaño.

Fortalece con paciencia

“Sed pacientes con todos.” (1 Tesalonicenses 5:14). La paciencia no es una virtud genérica por la que tenemos que orar. Más bien, la paciencia bíblica es una orden de perseverar junto a esas circunstancias difíciles perdurables. Los pastores pacientes no son velocistas, sino corredores de maratón. Tomando un enfoque de una visión amplia para ayudar a la gente nos salvara de muchas de las soluciones rápidas fáciles de nuestra cultura evangélica. Más importante aún, modelará el tipo de gracia que Dios muestra a todos nosotros (2 Pedro 3: 9).

Richard Baxter, el gran pastor puritano, ofrece el siguiente consejo: “Debemos continuar nuestro trabajo con paciencia. Debemos sobrellevar muchos abusos y lesiones causadas por aquellos a quienes tratamos de hacer el bien” (El Pastor Reformado, 119).

Al hacer esto, creo yo, animará nuestras ovejas con un optimismo centrado en Cristo que les llevará a desearlo más que sus propios dolores y angustias.

Una cosa más. . . . .

Hay muchas lecciones beneficiosas que el Señor utiliza para fortalecer a sus sub-pastores. Las personas difíciles nos deben conducir a la oración, a profundizar nuestro estudio de las Escrituras, refinar nuestra comunicación y examinar nuestros propios corazones mientras buscamos dirigir fielmente el rebaño de Dios. Salvar a los pecadores difíciles es la principal actividad de nuestro Señor, y con este fin trabajamos y nos esforzamos (Isaías 53:6).

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Paul Lamey ha servido desde 2002 como pastor para el desarrollo del liderazgo y la predicación y en Grace Community Church en Huntsville, Alabama. Él es un graduado de seminario de The Master’s Seminary (M.Div., D. Min). Paul y su esposa Julie tienen cuatro hijos.


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Paul Lamey has served since 2002 as the Pastor for Preaching and Leadership Development at Grace Community Church in Huntsville, Alabama. He is a graduate of The Master’s Seminary (M.Div, D.Min).

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